Poemas y canciones para Yves y Cristina

Te nombro y te alcanzo

Verónica Habichayn

Querido compañero

te esperé en la esquina convenida

a la hora y el día señalado y ya sé que

nos harás falta en esta lucha interminable

Querido amor

no pudimos contra las balas cobardes

quisimos tantas cosas juntos

y ahora quedamos los dos atrapados

en el mismo callejón

Querido hijo

seguí recordando tus cumpleaños estos 34 años

pero quedaste estático en tus 22

y ahora sos mi menor hijo mayor

Querido hermano

te busqué hasta en mis sueños

en cada compañero que te conoció o no

y hoy te encontré en mi ADN

–te llevo en cada célula de mi ser

Querido Yves

vos esperando en tu tumba improvisada

y yo esperando conocerte

compañero, amante, hijo, hermano, Yves:

¡Presente!


Renacimiento

Juan Antonio Piñeyro

(A Yves Domergue y Cristina Cialceta, desaparecidos en setiembre de 1976 y enterrados como “NN” en el cementerio de Melincué durante 34 años. Hoy, al fin, vuelven a recuperar su historia.)

I

Callados, quietos, con silencio inerte,

como cubiertos de una antigua escarcha

encararon anónimos la marcha

de luz y sombra que tejió la muerte.

Él supo alzar banderas de igualdades;

supo tener la lucha en su quimera;

ella supo ser vástago y bandera

flameando en la verdad de las verdades.

Él traía la Francia en el ancestro,

ella sangre argentina y tierra maya;

los dos juntos libraron la batalla

contra el buitre despótico y siniestro.

Esta Patria dolida y torturada

por monstruos que se henchían con su gloria

sepultó con dolor sus dos historias

bajo los “ene ene” de la nada.

II

El filo del puñal de la inclemencia

los encontró a la vuelta de una esquina

y una voz impiadosa y asesina

les ultrajó la carne y la decencia.

Vaya a saber qué orquesta de picanas

buscaron la verdad en el resuello

con el que aturde a grito y a degüello

la miseria más vil del alma humana.

Rocío y noche fueron los testigos;

el campo su primera sepultura;

los ojos del baquiano, la premura

y dos tumbas sin nombres, el abrigo.

Las anónimas madres le han rezado

la piedad de un anónimo lamento;

anónimo cobijo les dio el viento

y una anónima flor los ha llorado.

III

Pero no se ha cerrado aquella herida

y hoy la Madre Argentina sangra euforia

al parir a su hija: La Memoria

que devuelve las muertes a la vida.

Y hoy ya vuelven a ser hijos y hermanos;

con su historia de niños bienqueridos;

vuelven a tener Nombre y Apellido

y a ostentar Dignidad de SER HUMANOS.

La IDENTIDAD nos grita sin desgano:

¡NUNCA MÁS LA TORTURA NI EL OLVIDO!

01/08/2010


Dialéctica

Federico Reynares Solari

Allí donde hasta la muerte se hizo escurridiza,

se tornó deletérea e innombrable y, como tal,

les quitó hasta su nombre

a sus legítimos propietarios, allí, en ese bar,

en esa esquina, en esa casa,

donde se perdieron los pasos, donde se acallaron los gritos,

donde se desestimaron los hábeas corpus, y aún más allá,

en una casa de tormentos, en una cuneta,

en una tumba sin nombre, cuando el silencio fue impuesto,

y sus alaridos se hicieron insoportables,

alguien, a quien alguien le había dicho que lo esperara,

lo esperó, lo esperó, lo esperó,

y luego, con los años, muchos años,

lo buscó, lo buscó, lo buscó,

mientras otras manos dejaban flores en esa,

la tumba sin nombre,

y otros ojos fatigaban prontuarios, expedientes, incompletos y falaces,

y otros trataban de encontrar correspondencias

entre huesos desnudos y sangre parental,

y muchos jóvenes no se conformaban

con una incógnita leyenda pueblerina,

un día, los caminos de todos ellos,

los empecinados,

se encontraron para hacer

un módico e inconmensurable acto de justicia restaurativa,

al juntar algunas piezas del rompecabezas,

que los centuriones de la muerte y el olvido

patearon con alevosía e impunidad,

y ese día volvió él,

quizá para que ese alguien supiera que eso de esperarlo

y buscarlo no había sido en vano, él, sí, él,

Yves Marie Alain DOMERGUE, francés de nacimiento,

residente en la Argentina, estudiante de Ingeniería,

enamorado de Cristina,

la mexicana,

militantes revolucionarios,

para certificar oficialmente

que nunca pudieron suprimirlo.


Para Yves

Ramiro Kiel

Desierto de palabras

lo invadió Estaba todo quieto alrededor Se prendió una luz pero no sé Por muchas otras veces

que intenté Un mundo de babosas se come mis pensamientos

¿Dónde estarán los muertos de tamaño sufrimiento?

¡Ay, no, no, no!

Caminos recorridos con valor La suerte ya está echada por los dos Un río medio muerto en su interior La ilusión perdida del adiós

Una eterna ceguera que ve desde lo lejos

Un silencio que duele en las cuevas de este infierno

¡Ay, por favor!

(Interpretado el 8 de agosto de 2010 en la Iglesia Santa Cruz y el la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en la presentación del libro “Huesos desnudos” en mayo de 2012)


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